sábado, 1 de noviembre de 2008

Recordar es cerrar las grietas de la memoria

Hace una semana tuve la fortuna de asistir a un encuentro, que mejor podría llamar "reencuentro", con amigos de la infancia, muchos de los cuales no veía desde hace más de dos décadas.

Desde que nos fuimos del barrio donde me crié, crecí, y me convertí en un adulto, siempre tuve deseos de volver a reunirme con tantas personas desperdigadas por el mundo, que 20 años atrás tenía a menudo en mi entorno inmediato. De niños creemos que la gente no se va, que las personas y los escenarios van a permanecer eternamente como los vemos en ese momento, y es por esto, por el desengaño que sufrimos durante ese bello, pero duro proceso llamado "crecer", que estos reencuentros son tan valiosos.

Volver a mirar a la cara a aquel amigo perdido con los años y en un abrazo expresarle la satisfacción de volver a verlo, y la gratitud por tantos y tan buenos momentos vividos... Volver a escuchar palabras comunmente usadas por ese amigo, que ya habíamos olvidado con el paso del tiempo... Volver a recordar las travesuras y las decepciones, los triunfos y las derrotas, y darnos cuenta de que hoy cualquier adulto miraría con envidia las preocupaciones y los motivos de tormento de esos años de la infancia.

Hoy quiero dedicar estas líneas a todos los que estuvieron presentes, de uno u otro modo, en mi infancia, a todos... a aquellos que pasaron fugazmente por mi vida de niño, a los que estuvieron algunos años y tuvieron que marcharse, a los que se quedaron décadas enteras compartiendo conmigo sueños, ilusiones y deseos de arreglar la sociedad que se encargó de despertarnos de ese hermosos letargo de la infancia y los años juveniles, y, por supuesto, a todos aquellos que estuvieron conmigo en esos primeros años y con quienes sé que aún cuento, aún cuando no nos veamos con la misma frecuencia, ni nuestros temas de conversación sean las niñas a quienes queríamos declararnos.

Les dejo dos videos de canciones que tienen que ver con lo que he escrito. Uno es colombiano y el otro español. Quien escuche estas dos canciones sentirá que es inevitable recordar aquellos amigos de la infancia, a quienes he dedicado hoy mi comentario.



viernes, 24 de octubre de 2008

La magia de Mario Moreno "Cantinflas"

Cuando era un niño y mis padres me veían con los pantalones más abajo de la cintura y la camisa por fuera y mal abotonada, decían que me parecía a Cantinflas. Nunca me preocupé en mi niñez por averiguar quién era Cantinflas y por qué les causaba tanta risa verme en esas fachas.

Ya siendo un adolescente supe que Cantinflas era un famoso actor cómico del cine mexicano, cuyo atuendo particular se componía de un pantalón caído de la cintura, una camisa harapienta y mal puesta, y un trapo raído puesto a manera de bufanda, al cual llamaba gabardina.

Entendí entonces la razón de las risas de mis padres, pero aún Cantinflas no significaba mucho para mí. Fue en una noche de septiembre de 1.998 cuando definitivamente Cantinflas entró en mi vida para ser uno de mis ídolos, uno de los escasos personajes públicos por quienes siento un entrañable sentimiento de cariño, respeto, admiración y gratitud.

Esa noche vi la película “Sube y Baja”, una de las 42 que protagonizó, sin contar seis cortometrajes al inicio de su brillante carrera. Cuando terminó la película supe que Cantinflas me había cautivado, que eran muy pocos los cómicos que hacían labor social a través de un humor tan fino y satírico, y comencé mi colección personal de sus películas, la cual tengo casi completa, pues sólo me faltan “No te engañes, corazón”, y el cortometraje “Cantinflas en los censos”.

Quienes hayan visto alguna vez cualquiera de sus películas, estarán de acuerdo conmigo. Su humor era muy diferente a todos los demás, incluyendo el humor actual, colmado en su gran mayoría de mal gusto y vulgaridad. El sólo hecho de verlo en la pantalla con sus monólogos disparatados, sus fachas, su peculiar bigote, sus gestos, ya es motivo suficiente para reír a carcajadas. Pero al mismo tiempo podemos sentir compasión y solidaridad ante el dolor de los pobres, los marginados y aquellos a quienes defendía siempre en sus discursos de alto sentido social, quedando claro que entre la alegría y la tristeza no hay más distancia que una lágrima. Frases suyas como “Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado” causan a la vez risa y reflexión.

En su vida fuera de cámaras era un hombre sencillo, retraído, carismático, sensible, en una palabra, bueno, y es bien sabido que su altruismo no tenía límites ni deseos de sobresalir, pues realizó numerosas presentaciones en beneficio de enfermos, pobres y heridos, y la única condición que ponía era que no asistiera ningún medio de comunicación. Hacía el bien sin alardear, teniendo siempre presente su origen humilde y lo difícil que fue llegar a la gloria. El mismísimo Charles Chaplin se cansó de afirmar que Cantinflas era el mejor cómico de todos los tiempos, y Cantinflas, en un gesto amable, siempre dijo que el mejor era Chaplin.

Cantinflas se fue una noche de abril de 1.993, y fue despedido en sentida ceremonia por cientos de miles de albañiles, carpinteros, profesores, barrenderos, vagabundos y tantas otras personas cuyos oficios él encarnó en sus múltiples películas. Su legado al mundo ha quedado resumido en una frase famosa que pronunció innumerables veces: “La primera obligación del hombre es ser feliz y la segunda, hacer feliz a los demás”. En sus últimos días dijo ante las cámaras: “No olviden reír, ríanse por favor cuando puedan hacerlo”.

Sueño con ir algún día al Panteón Español de México D.F. y rendirle tributo ante su tumba (cuyo epitafio es “Parece que se fue, pero no es cierto”), para agradecerle todo lo bueno que dejó: Su buen ejemplo, su bondad, su labor social, su estilo inimitable, y decirle: “Gracias por hacerme reír tanto… es verdad: No te has ido”.



jueves, 16 de octubre de 2008

De hijos a padres

Desde que era un niño, pasando por las irrepetibles épocas de la adolescencia, y hasta los años recientes de mi vida adulta, siempre había escuchado de labios de mis padres aquella famosa frase de que "Cuando seas padre lo entenderás..."

Hace algo más de diecinueve meses llegó a mi vida una criatura que, además de llenarme de dicha, ilusiones y añoranzas, me ha confirmado esa frase. En la medida en que ese nuevo ser lentamente va sumando milímetros a su estatura, no dejo de pensar en que hace un poco más de dos años era una diminuta partícula, imposible de ver sin la ayuda de la ciencia. Me pongo a pensar que un día antes de enterarme de la existencia de mi hijo no era conciente aún de la inmensa responsabilidad que ya tenía, y menos aún de todo el cambio que significaba ser padre.

Ser padre es pensar ya en función de otra persona, es sentir que no alcanzan las horas para darle a esa personita los sentimientos que nuestros padres nos han inculcado, es sentir que hay un montón de cosas por enseñarle, que ese ser tiene ante sus ojos un largo camino por recorrer, y del cual queremos apartarle los obstáculos que han sido nuestros propios obstáculos, nuestras frustraciones, es querer, de algún modo, tratar de empezar a marcarle el derrotero que nos parece más adecuado.

Y poco a poco entenderemos que ese hijo algún día decidirá empezar a recorrer su propia senda, al igual que ya lo hicimos nosotros, y que somos sus maestros, pero no podemos decidir muchas cosas por ellos. Es ahí cuando gozamos con sus alegrías, nos estremecemos ante sus triunfos, sufrimos con sus penas, lloramos con sus derrotas, y en ese ir y venir de la vida confirmaremos cada vez con más fuerza que son la prolongación de nuestra existencia, y recordaremos muchas veces aquella frase que nos dijeron nuestros padres: "Cuando seas padre lo entenderás..."

Quiero dejarles un pequeño fragmento del poeta Rabindranath Tagore: "...haz que ese hijo hasta los diez años te ame, hasta los 20 te admire, y hasta la muerte te respete. Sé para ese hijo hasta los diez años su padre, hasta los 20 su maestro, y hasta la muerte tu amigo"

Espero ser más que eso para ti, mi Felipe... hasta la próxima

martes, 7 de octubre de 2008

Un nuevo comienzo

Hoy es para mí una fecha más que especial. Es el comienzo de una nueva era. La era del abandono de las cadenas que tontamente me ataban a lo que no quería, y la búsqueda a toda costa de las cosas que me apasionan, que me hacen sentir vivo y que me irán rodeando de un aura de felicidad, esa felicidad muchas veces esquiva y, paradójicamente, tan anhelada. Esa felicidad que no es un destino, sino un camino.

A partir de hoy dejaré de lado la preocupación y daré la bienvenida a ese nuevo comienzo que me va a deparar grandes triunfos, tal vez más de los que yo hubiera podido soñar en mi alucinación más optimista.

Algún día, no sé cúando ni en dónde me halle, recordaré con orgullo y grandes dosis de satisfacción personal haber emprendido este camino que hoy empiezo a recorrer. Hoy es apenas un embrión, pero algún día el Universo fue eso, y hoy es cuanto nos rodea.

Bienvenido este nuevo comienzo en mi vida. Como el ave Fénix resurgiré de entre las cenizas.