sábado, 1 de noviembre de 2008

Recordar es cerrar las grietas de la memoria

Hace una semana tuve la fortuna de asistir a un encuentro, que mejor podría llamar "reencuentro", con amigos de la infancia, muchos de los cuales no veía desde hace más de dos décadas.

Desde que nos fuimos del barrio donde me crié, crecí, y me convertí en un adulto, siempre tuve deseos de volver a reunirme con tantas personas desperdigadas por el mundo, que 20 años atrás tenía a menudo en mi entorno inmediato. De niños creemos que la gente no se va, que las personas y los escenarios van a permanecer eternamente como los vemos en ese momento, y es por esto, por el desengaño que sufrimos durante ese bello, pero duro proceso llamado "crecer", que estos reencuentros son tan valiosos.

Volver a mirar a la cara a aquel amigo perdido con los años y en un abrazo expresarle la satisfacción de volver a verlo, y la gratitud por tantos y tan buenos momentos vividos... Volver a escuchar palabras comunmente usadas por ese amigo, que ya habíamos olvidado con el paso del tiempo... Volver a recordar las travesuras y las decepciones, los triunfos y las derrotas, y darnos cuenta de que hoy cualquier adulto miraría con envidia las preocupaciones y los motivos de tormento de esos años de la infancia.

Hoy quiero dedicar estas líneas a todos los que estuvieron presentes, de uno u otro modo, en mi infancia, a todos... a aquellos que pasaron fugazmente por mi vida de niño, a los que estuvieron algunos años y tuvieron que marcharse, a los que se quedaron décadas enteras compartiendo conmigo sueños, ilusiones y deseos de arreglar la sociedad que se encargó de despertarnos de ese hermosos letargo de la infancia y los años juveniles, y, por supuesto, a todos aquellos que estuvieron conmigo en esos primeros años y con quienes sé que aún cuento, aún cuando no nos veamos con la misma frecuencia, ni nuestros temas de conversación sean las niñas a quienes queríamos declararnos.

Les dejo dos videos de canciones que tienen que ver con lo que he escrito. Uno es colombiano y el otro español. Quien escuche estas dos canciones sentirá que es inevitable recordar aquellos amigos de la infancia, a quienes he dedicado hoy mi comentario.



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